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¿Próceres golpistas?

Por: Luis M. García P.

Desde que el Banco Central de Venezuela presentó, finalmente, los nuevos billetes que cursaran en el país a partir de enero de 2008 en la nueva denominación del “Bolívar fuerte” han surgido no pocas suspicacias en torno a la iconografía que muestra la nueva serie de billetes.
            Llama la atención  la ausencia en el nuevo papel moneda de figuras cimeras en la construcción del gentilicio venezolano.
            No conforme con este olvido, suponemos que involuntario, los billetes de bolívares fuertes excluyeron nada menos que al Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, paladín de la libertad americana y discípulo predilecto de Bolívar.
            Otra exclusión (esta nada sorpresiva) fue la del centauro de los llanos José Antonio Páez, quien sin habérselo comido ni bebido le cae tan mal a su coterráneo el presidente Chávez.
            Los próceres civiles más importantes de la historia patria, Andrés Bello y José María Vargas, también se irán con su música a otra parte luego del primero de enero de 2008. Bello, padre de las letras hispanoamericanas y autor de una imponente obra de civilización continental no tuvo suficiente mérito para ranquearse, pero a su lado, al mejor estilo de la “eliminación de feos”, cayó el primer presidente civil de la República de Venezuela, José María Vargas, cuyos delitos lo agravan el haber sido también el primer rector de nuestra Universidad de Caracas, hoy  UCV.
            Por si toda esta  “purga” no fuera suficiente, desaparecen de los billetes venezolanos edificaciones públicas emblemáticas como El Tribunal Supremo de Justicia, el Panteón Nacional,  el Palacio de las Academias, el Campo de Carabobo y el propio Banco Central, sustituidos todos por efigies animales, alguna de ellas similar a una morrocoya innombrable que, obviamente no mencionaremos.
            Ahora bien, ¿por qué salen precisamente Sucre, Páez, Bello y Vargas? Al revisar los expedientes de estos cuatro imputados concluiremos que los valores y la conducta que éstos exhibieron en vida es profundamente incompatible con lo expuesto por la Revolución Bolivariana.
            En el Caso del Mariscal Sucre, su desinterés y desprendimiento al renunciar a la presidencia de Bolivia, sin siquiera terminar el período, lo hace sospechoso a los ojos del Socialismo del Siglo XXI.
            Páez, por su parte, no sólo le entregó la presidencia a Vargas, sino que cuando Pedro Carujo y sus círculos de conspiradores depusieron al médico, Páez lo repuso en su cargo en lugar de quedarse él, como ahora sería de estilo.
            José Maria Vargas, además de ser civil, lo que ya es bastante malo en estos días,  se desprendió del cargo y se dedicó a la vida universitaria.
            En cuanto a Andrés Bello, no es raro que sus contemporáneos no entendieran a un hombre de pensamiento en una época en la cual quien no andaba con un fusil por ahí no quería a su mamá. Hoy día, el humanista tampoco cabe en los billetes pues eso de redactar códigos y leyes justas y de crear universidades está demodé y out,  y por supuesto está muy mal visto. Por eso…” Pà fuera,” ( con pito y todo) de los billetes. Es preferible la morrocoya, o un pájaro, tal vez símbolo del pájaro bravo en que se han convertido tantos venezolanos.
            En cuanto a los cuatro exiliados del BCV es oportuno reinvestigar la historia, pues es posible que Sucre, Bello, Vargas y Páez  (o su memoria) vayan a parar a Ramo Verde… por golpistas.