Las fronteras entre Colombia y Venezuela
María del Carmen Díaz Naranjo
Los soldados venezolanos patrullaban con rifles de asalto en un recorrido complicado entre cañaverales y hacían pausas ocasionales para atisbar hacia el otro lado del río que separa a Venezuela de Colombia. De pronto, una decena de niños con uniforme escolar surgió de entre la espesura y le pidió a los soldados permiso para cruzar el río. Con cuidado, saltaron de piedra a piedra mientras avanzaban hacia Colombia salpicándose y jugando.
Esos soldados, asignados que permanecieron para resguardar la frontera, acompañados por miles de refuerzos, una vez que el presidente Hugo Chávez ordenó el envío de fuerzas adicionales a la frontera en medio del peor conflicto diplomático entre los dos vecinos sudamericanos en años.
Chávez trasladó 10 batallones _unos 9.000 soldados_ a la zona fronteriza luego que el presidente colombiano Álvaro Uribe, que es apoyado por Estados Unidos, lanzó un ataque a una base de guerrilleros de las FARC en territorio ecuatoriano.
Pero más que preocuparse que una eventual guerra, los venezolanos y colombianos que viven en la frontera están más inquietos por la manera en que podría salir perjudicados por el deterioro en las relaciones bilaterales. El puente de la zona tiene por lo general una gran actividad, mientras los colombianos van a San Antonio para comprar gasolina barata y los venezolanos viajan a Cúcuta para comprar carne, leche y huevos, alimentos que tienden a escasear en Venezuela. Muchos cruzan para ir a la escuela o al trabajo.
Entonces vemos que las fronteras son territorios donde los procesos y relaciones que se dan son propios de la condición de vecindad de dos sociedades y estados contiguos. La integración que ha de darse en ellas tiene que ver con una serie de factores. Se trata de una unidad estructural compleja, donde están presentes factores ambientales, sociales, políticos y económicos, con interconexiones que es preciso tomar en cuenta. Ese conjunto tiene una integración espontánea que debe considerarse, por ser elemento relevante para la integración fronteriza, bilateral y multilateral.
Corresponde a una unidad conformada por territorio de dos países, donde los procesos y relaciones trascienden los límites político-administrativos, lo que obliga a un tratamiento conjunto. No se debe actuar aisladamente, unilateralmente, sin considerar las implicaciones que las acciones que se hagan de un lado, puedan tener en el otro, en el del vecino.
Esta condición expresa, conlleva limitaciones impuestas por la convivencia, donde debe privar el respeto mutuo, el establecer acuerdos y el compartir, para lograr objetivos comunes y mayores beneficios. Ahora bien, para que la convivencia sea plena, pueda desarrollarse justamente, debe existir igualdad de condiciones en la relación. En nuestro caso, aquí, ello no sucede. Uno de los vecinos tiene privilegios con respecto al otro. En ese sentido, yo venezolano puedo entrar a Colombia sin restricciones en la faja fronteriza y al resto del territorio con solo identificarme y poseer pasaporte. En cambio, el colombiano no puedes entrar a la faja fronteriza sin un permiso previo, de tiempo limitado que otorga el Consulado de Venezuela previo llenado de requisitos y para entrar al resto de territorio requieres visa para la cual se te pide certificado de antecedentes y el otorgamiento es restringido.
Entonces, lo que existe es una convivencia a medias, desigual, incompleta y ello no puede equilibrarse mientras no exista reciprocidad. Para nosotros la reciprocidad resulta ser requisito indispensable para el ejercicio pleno de la vecindad, de la convivencia. En este orden de ideas, pensando en esa proximidad requerida para las buenas relaciones bilaterales quiero anotar la inexistencia en ambos países de una política exterior vecinal que de manera expresa, orientado por las Cancillerías propicie, particularmente en estas zonas de frontera, el compartir, la solidaridad, la conveniencia, donde ello sea norma en el comportamiento de todos los agentes que manejan las acciones públicas. Hoy, la expresión real que apreciamos de esa política, son las acciones de los cuerpos de seguridad, lo cual le imprime un carácter policial, punitivo a la relación y ello ocasiona severos resentimientos en la población.
Los Gobernadores y Alcaldes venezolanos que operan en las fronteras no tienen facultades legales para convenir con sus homólogos de los países vecinos. Todo está centralizado y hasta lo más mínimo requiere, previamente, la aprobación de la Cancillería. En Colombia, por Constitución y por Ley de Fronteras, los Gobernadores y Alcaldes fronterizos sí tienen la referida facultad.
La propuesta hecha en Venezuela se orienta a conceder la facultad, pero sujeto a previa aprobación de la Cámara o Congreso, lo cual a mi manera de ver, conserva el centralismo y dificulta aún más la situación. Lo conveniente sería conceder la facultad plena, limitando las materias y alcance. Con ello habría igualdad de condiciones con los homólogos. Ello contribuiría a mejorar las relaciones de vecindad. Otro señalamiento que quiero hacer es el referente a la cacareada soberanía y el concepto que a veces se maneja de la misma y que se emparenta con aquel que privara en la Edad Media, donde se pensaba que se podía hacer todo cuanto se requiera en el ámbito territorial propio, sin importar las repercusiones o perjuicios que pudieran causarse a terceros. El concepto rígido comenzó a desdibujarse cuando se enfrentan el nacionalismo con la sociedad internacional.
Con la Revolución Industrial aparece mayor interdependencia e integración entre los pueblos. La evolución ha sido una soberanía limitada del Estado, como consecuencia del amplio desarrollo internacional debido a la obtención de muchos recursos provenientes de la cooperación armónicamente organizada.
Se requieren nuevas estructuras sociopolíticas acordes con las necesidades actuales. La soberanía no puede convertirse en destructor del derecho internacional ni patrocinar el individualismo que niega la cooperación y la solidaridad. La aplicación del concepto modificado y ampliado, es particularmente procedente en estas zonas fronterizas, para contribuir a propiciar la convivencia, la igualdad, la solidaridad.
Acorde con lo apuntado, el Desarrollo Regional Fronterizo parte de un marco conceptual operativo basado en cuatro conceptos básicos:
a) Planificación conjunta. Comprende todas las acciones públicas y privadas supervisadas por los Estados, acciones requeridas para instrumentar las decisiones y proyectos acordados. Dichos proyectos deben ser ejecutados, en la medida de lo posible, en forma simultánea de cada lado, tratando siempre de conformar equipos binacionales, de tal modo que se compartan responsabilidades en el cumplimiento de las iniciativas de interés mutuo.
b) Armonización y compatibilización bilateral de políticas nacionales. Se refiere a que toda iniciativa formal e informal sea asumida de mutuo acuerdo entre los estados vecinos, con la intención de lograr una equivalencia entre los objetivos de sus respectivas políticas, regular los procesos y relaciones fronterizas y fomentar el desarrollo regional en sus jurisdicciones contiguas. Cubre todas aquellas políticas que se estimen deben ser compatibilizadas para mejorar la coexistencia y ampliar las relaciones nacionales, teniendo como referencia las directrices multinacionales.
c) Cooperación administrativa. Se refiere a todas aquellas relaciones (reguladas por los gobiernos centrales), establecidas entre autoridades locales (gobernaciones, corporaciones regionales de desarrollo, alcaldías y demás actores sociales), cuyo objetivo sea coordinar sus tareas administrativas, intentando así relacionar la actuación entre homólogos a cada lado de la frontera y mantener lazos de coexistencia pacífica y mayor fluidez en los vínculos vecinales.
d) Un principio que debe estar siempre presente es el de la equidad en cuanto a la distribución de los beneficios obtenidos conjuntamente. Si ello no se logra, la relación pasa a ser otra: de dominación o de explotación de uno por el otro.
Todo lo dicho lleva a la conclusión de que en los territorios fronterizos es necesario llevar a cabo un desarrollo compartido, el cual evita perjuicios mutuos, solapes de acciones, minimiza los costos y maximiza los beneficios para los participantes. Se impone la bilateralidad como pilar fundamental para el desarrollo. Priva la integración, la convivencia, el bien común, con base a intereses compartidos que dejan fuera los intereses de uno en perjuicio del otro.