Caimanes del mismo pozo, por Belén González

Foto cortesía de Tenemos Noticias

En el seno de la dictadura venezolana subyace una disputa añeja, que en lugar de aplacarse con los años, se redimensiona bajo el friso de una supuesta unidad férrea. Todo comenzó en 2013, cuando el inminente fin del ya difunto, hizo imperativo seleccionar al remplazo que mantendría las riendas del narco régimen establecido en el país desde 1999.

Fue justo en ese momento cuando comenzó la batalla por el control del poder entre los entonces delfines de Hugo Chávez, convertidos hoy en archienemigos de closet, y los califico así porque no asumen su realidad, al menos en público. Obviamente se trata de Nicolás Maduro, el pelele que salió ganando gracias al apoyo castrista, y Diosdado Cabello, el compañero golpista que se quedó con los crespos hechos, porque nunca le pareció de fiar a los hermanitos Castro, seguro por su desmedida ambición.

Cabello, quien por la fuerza de su liderazgo interno asumiera la presidencia interina por algunas horas, tras el levantamiento contra Chávez el 13 de abril de 2002, se percibió por años como el heredero natural del comandante; pero en una de esas jugadas de las que siempre desconoceremos los detalles, Nicolás, el  gris canciller y otrora chofer de Metrobús, pasó al primer lugar en la competencia por el cargo, y se convirtió, años más tarde y contra todos los pronósticos, en el presidente impuesto por el régimen.

Es un hecho que Cabello, un hombre radical y pragmático, líder del “ala militar” del chavismo, especialmente en el seno de la Guardia Nacional, busca el poder para asegurarse el control de los manejos turbios, no en vano es el cerebro del narco régimen que nos azota, a quien se le reconoce como el cabecilla del llamado “Cartel de los Soles”. Por su parte, Nicolás, quien representa más bien a la izquierda, no es frontal, y su mayor preocupación no es el poder, sino la necesidad de mantenerse en el puesto que heredó de Chávez. Sus decisiones, usualmente erráticas, suelen dejarlo muy mal parado, y aunque ciertamente es el presidente, su control del país no es absoluto como debiera ser en el caso de un dictador que se respete, no en vano tuvo que rendirse ante los altos mandos militares para sobrevivir.

Este par siempre está midiendo fuerza en lo político; el control de Diosdado sobre la base del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), organización política que agrupa a la gran mayoría del chavismo; ha obligado a Maduro a crear un nuevo partido bautizado “Somos Venezuela”, una decisión que ha generado enorme recelo entre los fieles al difunto comandante. Punto para Cabello.

Además, Diosdado, definitivamente fuerte y astuto, desmontó la jugada de Maduro para pasar por encima de la oposición y neutralizarlo, al crear la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, porque apenas un año después de su aparición, Cabello se convirtió en el líder de este órgano de potestades ilimitadas, a través del cual pasan todas las decisiones importantes del país, y que obviamente está usando para desafiar veladamente al dictador. Otro punto a su favor.

Los ataques de Maduro se han hecho evidentes al destituir de sus cargos, poco a poco, a todos los leales a Cabello, y además ha intentado dejarlo en ridículo como cuando le ordenó aplaudir su discurso, durante un acto de conmemoración a Juana “La Avanzadora” celebrado en el Panteón Nacional, pero el líder de la Asamblea Nacional Constituyente lo ignoró, y apenas esbozó una medio sonrisa ante las cámaras.

El enfrentamiento, puñal en mano, parece haber llegado más allá, considerando las declaraciones del exmagistrado en el exilio, Luis Velásquez Alvaray, quien afirmó que recibió órdenes directas de Nicolás Maduro para eliminar “políticamente” a Cabello, e incluso para propiciar una situación, cuyo desenlace fuera su eliminación definitiva para luego decir públicamente que este “se suicidó o que unos delincuentes acabaron con su vida”.

Pero la cosa no queda ahí, pues como reza el dicho “entre delincuentes te veas”, Diosdado Cabello, un poder fáctico, no se ha quedado quieto, y con un trabajo de hormiga viene tejiendo desde hace años alianzas contra Maduro con militares activos y retirados, líderes regionales, altos cargos del gobierno, el empresariado y hasta algunos miembros de la oposición.

Se dice, que también ha negociado hasta con Estados Unidos para esquivar el control de la DEA, afirmando estar dispuesto a oponerse Maduro, a quien acusó de ser manipulado por el gobierno cubano. Un secreto a voces obviamente. Lo cierto es que cada paso de Diosdado Cabello, pareciera estar minuciosamente diseñado para cobrarse cada desplante del pobre dictador, que pareciera no pegar una.

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