Nefasta realidad, por Leopoldo López Gil

Leopoldo López Gil. Foto EFE

La semana pasada fuimos entretenidos, o mejor dicho, perturbados por una entrevista concedida por Nicolás Maduro a un destacado entrevistador español, Jordi Évole, también conocido como “el Follonero”, quien con sutileza e inteligencia lo fue desvistiendo, hasta dejarle solo la piel de ironía y de mentiroso al descubierto.

La entrevista me recordó una cita que hace Andrés Oppenheimer en su libro Basta de historias cuando entrevistó a Bill Gates. Escribe el ensayista argentino que se sorprendió cuando Gates respondió a su comentario sobre la educación en América Latina: “Todos los países deben empezar con humildad. Lo que más me asusta sobre el ascenso de China es su humildad. Están haciendo las cosas muy bien, y sin embargo tienen una humildad asombrosa”.

Cuánta distancia separa esa observación de los asiáticos exitosos de Nicolás.

Parafraseando al Dr. Gonzalo Barrios, se podría concluir que Maduro estuvo muy locuaz, pero solo le faltó un toque de humildad, un toque más o menos fuerte sería el adecuado para poder aceptar tantos errores y las catástrofes que han generado sus malas decisiones; pero no, no fue capaz de admitir su responsabilidad sobre nada, es mucho más cómodo buscar al culpable en esa difusa figura del imperio, o en una interminable conspiración que lleva ya cuatro lustros con una guerra unidireccional, la guerra económica, esa que por uso y abuso de la fábrica de monedas ha pulverizado el poder adquisitivo de los venezolanos, especialmente el de los asalariados.

Pero Gates no paró allí en sus observaciones, también señaló que “la clave de todo es la educación”, y por supuesto el cómo aplicarla; señalaba el mejoramiento de la calidad y la innovación, muy opuesto a lo llevado a cabo por los gerifaltes de Chávez y Maduro.

Pero además de revelar un indudable genio para la actuación, el entrevistado no dejó duda de que dominaba muy bien tanto el género de la ironía como también su profunda inspiración cínica.

Los pensionados se alegraron mucho al oír que al fin el Ejecutivo se enteró de que tienen tres años sin recibir sus pagos, pero ahora recibirán, comentó el entrevistado, unos petros que serán rápidamente canjeados por las medicinas, alquileres y condumios en el mundo, tanto que algunos hasta quisieron montar una fiestecita pues ya se les olvidaba que era eso de brindar junto a los amigos.

Aunque aún mejores noticias fueron las revelaciones hechas sobre nuestros hospitales públicos, que están a la altura en infraestructura y dotación de cualquier país y que los pacientes son atendidos totalmente gratis y a tiempo.

Mas nos resultó esperanzador oír la aseveración de que la libertad de expresión está “vivita y coleando” en Venezuela, que eso de revisar el material y detener a los periodistas extranjeros es otro invento de Hollywood en conspiración con Mr. Trump o mecanismos de distracción del Sr. Macron para que se fijen en otra cosa en vez de los “chalecos amarillos”.

Ya podemos estar tranquilos, Jordi Évole nos ha contado un cuento como esos que los padres cuentan a sus niños para que logren disipar sus angustias y miedos para capturar un sueño profundo; ya Venezuela puede estar tranquila, no sufrimos ni hambrunas, ni inflación, ni delincuencia, ni siquiera problemas institucionales. Aquí solo habitamos gente feliz y por eso celebramos elecciones que siempre serán reconocidas por su pulcritud y participación masiva.