Expertos de la ONU confirmaron regeneración de la capa de ozono

La capa de ozono se regenera. No es algo nuevo, pues varios informes en los últimos años lo han asegurado. Sin embargo, seguir escuchándolo no deja de ser una buena noticia. Los últimos en asegurarlo han sido los responsables de la más reciente Evaluación Científica sobre el Agotamiento del Ozono, de las Naciones Unidas. Concretamente, se asegura que las medidas tomadas durante el Protocolo de Montreal están funcionando, por lo que se ha generado la disminución a largo plazo de la abundancia atmosférica de sustancias agotadoras del ozono.

Además, establece que si todo sigue avanzando a este ritmo, el agujero podría regenerarse completamente para 2030 en el hemisferio norte, para 2050 en el sur y para 2060 en los polos. ¿Pero significa esto que debemos relajarnos? Lógicamente, no.

En 1974, el químico mexicano Mario Molina y el estadounidense Sherwood Rowland publicaban en Nature un estudio en el que exponían al mundo como un tipo de compuestos derivados de la actividad industrial, denominados clorofluorocarbonos (CFC), estaban degradando la capa de ozono y que la desaparición de la misma podría dar lugar a consecuencias muy peligrosas si no se solucionaba a tiempo.

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Fue necesaria una década completa para que la capa de ozono dejara de diluirse, según un informe emitido por la NASA. Finalmente, después de un periodo estacionario, en 2006, la agencia espacial norteamericana anunciaba que el agujero no sólo había dejado de crecer, sino que había comenzado a regenerarse. En ese momento los investigadores atribuían esta mejora a las medidas tomadas por el Protocolo de Montreal y apuntaban a que para 2050 podríamos retroceder hasta el estado en el que se encontraba esta capa protectora en 1980, poco después de la publicación del estudio de Molina y Rowland.

Una década más tarde, un nuevo estudio, esta vez publicado por investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts, demostraba que el agujero situado sobre la Antártida, que en el año 2000 presentaba un tamaño máximo de 20 millones de kilómetros cuadrados, había logrado cerrarse hasta situarse en la mitad de su tamaño. Sin duda, uno de los factores clave para estos datos tan alentadores fue la prohibición en 2011 del CFC-11, utilizado para hacer aislantes a base de espuma de uretano.

De acuerdo con este último informe, parece ser que todo vuelve a la “normalidad” y que, a buen ritmo, en unas décadas podríamos decir adiós a ese peligroso agujero que, incluso sin verse, nos priva de una de las mejores estrategias naturales de protección de nuestro planeta. Eso sí, cualquier tropiezo como el de China podría dar al traste con todos estos años de avances. Más vale no olvidarlo.

Vía Hipertextual