Neoarqueología, por Leopoldo López Gil

Cortesía: El Español

Arqueología. Ciencia que estudia las civilizaciones antiguas a través de los restos que se conservan de ellas. (RAE)

La total y contumaz destrucción de todo cuanto se mantiene en pie en nuestro pobre país, la otrora patria, no deja más que desolación al paso de vencedores que convocó el toque de diana del comandante insepulto y su pertinaz hijo putativo, ruinas que son objeto de estudio por su particular rareza tanto en el mundo antiguo como en el contemporáneo.

Pocas civilizaciones y casi ninguna nación han permitido un proceso de autodestrucción a partir de un origen en paz y prosperidad como el que disfrutaba nuestra tierra hace unos cuatro lustros. La súbita aparición de novísimas doctrinas como el bolivarianismo zambo o el socialismo cubazolano hicieron la aparentemente imposible tarea de convertir a un país potencialmente rico, una sociedad aspiracional y un destino para migrantes en una tierra yerma, desolada y conquistada, un crimen que a empujones ha sacado a casi la décima parte de la población en el más terrible éxodo que solo podemos comparar con la triste huida de los caraqueños ante las huestes bárbaras de Boves.

Estudiar nuestro fenómeno se hace cada vez más necesario, pues la amenaza de los cantos de sirena que tan hábilmente han entonado desde la isla del mar de la felicidad se puede escuchar en otras remotas tierras, algunas incluso sin tener costas donde atracar buque alguno. La siembra de sus engaños va envenenando a quienes, confiando que nunca tan fracasada experiencia habría de intentarse de nuevo, se sorprendieron con el amanecer rojo, que más que un color de camiseta se transformó en el que deja la sangre de las víctimas de esa violencia que nunca ha conocido la práctica de la tolerancia.

Entre las ruinas que diariamente esculpen los gerifaltes de Miraflores hemos visto a todas las instituciones nacionales; nuestros símbolos patrios, historia, héroes, universidades, educación, fuerzas armadas, Banco Central, industrias, hospitales, salud pública y privada, moneda, economía, es decir, ha quedado muy poco sin ser tocado por esta mano del excremento del diablo.

Si algo logró el progreso venezolano de los últimos 50 años fue comprobar que con programas apropiados y recursos se podía lograr la transformación de nuestra población en ejemplar. Para muestra podríamos citar la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho, ambicioso proyecto para generar cuadros gerenciales, docentes universitarios y científicos investigadores del mismo nivel de los del mundo desarrollado, ese proyecto también contempló la posibilidad de dotar a la juventud de programas de cultura tan originales y ambiciosos como el de orquestas juveniles. En 1974 se pusieron las bases sobre las que se construiría el Sistema, modelo social diseñado por el maestro José Antonio Abreu.

El Sistema agoniza hoy después de haber sido utilizado como una joya del socialismo del siglo XXI, pero que al asesinar a varios de sus miembros en las asquerosas represiones del año pasado han estimado conveniente apagar esa vela de esperanza en la vorágine madurista. Hoy no nos sorprende conocer la falta de recursos y apoyo a esta catedral de la juventud. Sin pagos a profesores, sin apoyo a las giras, contemplamos lo que va quedando… ruinas.

No es comprensible cómo los destructores buscan apoyo para continuar esta nefasta maniobra. ¿Elecciones? No, solo renuncia, para poder reconstruir.