Hotel Humboldt, el “siete estrellas” que la revolución no termina de remodelar

Dos presidentes de la República y cinco ministros de Turismo no han podido remodelar, en más de una década, lo que el penúltimo dictador de Venezuela, Marco Pérez Jiménez, construyó e inauguró en tiempo record de 199 días el año 1956: el emblemático Hotel Humboldt ubicado en la cúspide del cerro Ávila, a 2140 metros sobre el nivel del mar.

Pedro Eduardo Leal/Venezuela al Día

Entrar hoy a la joya arquitectónica de Tomás José Sanabria es un privilegio que tienen la actual pareja presidencial, quienes el pasado mes de diciembre cenaron en el restaurante 1956; altos enchufados rojos o representantes diplomáticos acreditados en el país. Quienes ascienden en el teleférico o suben caminando el rebautizado Warairepano no pueden ni asomarse a ver cómo van los “avances” de la remodelación.

El Estímulo

De esta manera el país lo único que ha podido conocer sobre el citado complejo turístico, con el que inicialmente pretendía Pérez Jiménez conectar a la capital venezolana con el litroral, son las innumerables promesas incumplidas en las que se han invertidos enormes fortunas del erario público y de las cuales aún no le ven el queso a la tostada.

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Promesas y más promesas… Todas incumplidas

Esta historia de nunca acabar, en el que han estado involucrados hasta las fechas los titulares de la cartea de Turismo: Olga Azuaje, Pedro Morejón, Alejandro Fleming, Andrés Izarra y Marlenys Contreras ;  comenzó en el año 2007, cuando el fallecido presidente Hugo Chávez, en un Aló Presidente transmitido desde el entonces recién estatizado sistema teleférico de Caracas, tomado por Venezolana de Turismo (Venetur), asomara que iniciarían trabajos de recuperación en el hotel que originalmente le costó al estado unos 20 millones de bolívares de la época de su desarrollo.

La entonces ministra de Turismo, Olga Titina Azuaje, precisó que se requerirían 37 millardos de bolívares para la remodelación. En la misma alocución, el Ejecutivo Nacional prometió que instalaría en la cima de la montaña una estatua de Simón Bolívar, de 51,6 metros de alto, proyectada por Alejandro Colina, autor de María Lionza.

La escultura sería “mucho más alta que el Corcovado de Río de Janeiro, que la virgen de La Paz en Trujillo, que el Arco del Triunfo en París, y más que el monumento a Abraham Lincoln en Washington”.  De la obra que Chávez aseguró que se vería desde el centro de Caracas, y desde el mar, aún no colocan ni la piedra fundacional.

Sobre el hotel en que por más de 45 años nadie se ha podido hospedar nadie en ninguna de sus 70 habitaciones, repartidas en 14 pisos, en el año 2012 la Comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional (AN), de mayoría oficialista y presidida + por el actual presidente del Banco Central de Venezuela (BCV), Ricardo Sanguino, aprobó 397 millones de bolívares a Venetur S.A., destinados a la restauración del Humboldt. Fue entonces, cinco años más tarde, cuando realmente comenzó a concretarse la orden dada por Chávez.

El mismo Parlamento, un año más tarde, dio el visto bueno para que se invirtieran otros 14.716.237  bolívares en la compra de siete ascensores y además para el revestimiento de pisos de mosaicos, paneles de aluminio y manillas de cierre. En el mismo 2013, el entonces ministro de Turismo, Andrés Izarra, dijo que se destinarían para esta obra otros 450 millones de bolívares, prometiendo que finalmente abrirían las puertas del icónico lugar el primer semestre de 2014.

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En 2014, Nicolás Maduro reformuló el finiquito del proyecto, fijando como meta de la restauración el primer cuatrimestre de 2015. “En abril (2015), estaremos recuperando y entregando a nuestra Patria, y al motor de turismo nacional e internacional, esta obra gigantesca”, señaló en … En la misma ocasión aprobó  650 millones de dólares para su ejecución del teleférico del Litoral, del cual aseveró que estaría listo en los siguientes 36 meses.

No bastando con toda la plata “invertida” hasta entonces, en diciembre de 2015, el hasta entonces catalogado como segundo al mando de la revolución,  Diosdado Cabello, asignó otros 400 millones de bolívares, a través de la Fundación Propatria 2000, para la “continuación” de los trabajos en la rehabilitación del hotel.

En abril de 2016, en un recorrido realizado por el Jefe de Estado, comprobó que en dos años solo se avanzó 20% del trabajo a realizar,  quedando así con 70% del total de la obra. Ante la lentitud de los avances, Nicolás Maduro ordenó que el Banco Bicentenario del Pueblo, de la Clase Obrera, Mujer y Comunas, también “apoyara” el proyecto.

A pesar que en abril de 2017, el primer mandatario nacional ordenó destinar 22.554.000 bolívares para poner fin a la inversión, asegurando que “este año debe estar terminada”, en septiembre del mismo año el vicepresidente de la República, Tareck El Aissami, dejo en entredicho a su jefe, al reiterar que aún los avances del trabajo no superaban 70% del total requerido.

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En esta obra que a juicio de El Aissami se ha chupado más de 30 mil millones de bolívares, a duras penas Maduro pudo inaugurar en diciembre de 2017 el restaurante 1956, sitio que hasta la fecha ningún turista ha podido probar platillo alguno.

¿Revolución 5 estrellas?

Casi 11 años más tardes de aquel domingo en que Hugo Chávez prometió poner a valer el hotel que apenas tuvo actividad continua durante sus cuatro primeros años desde el inicio de operaciones en diciembre de 1956 y en más de seis décadas apenas ha acumulado nueve de servicio activo; aún el escenario se vislumbra incierto para volver a ver en sus instalaciones grandes bailes o conferencias de talla internacional. Tampoco admirar el lobby, la pista giratoria de la discoteca o la primera piscina aclimatada que se instaló en Venezuela.

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El trabajo “a paso de vencedores” dista mucho de la intención de Hugo Chávez de posicionar a su gobierno como  el primer operador turístico del país, con 14 hoteles cinco estrellas en los principales destinos turísticos del país, ubicándose por encima de importantes cadenas hoteleras.

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