Cómo ha incrementado la intolerancia panameña a la presencia venezolana

La excesiva y persistente migración de venezolanos ha desatado que algunos ciudadanos de distintos países se muestren reacios a su presencia. El mal comportamiento o la “arrogancia” mostrada por una minoría se han convertido en escudos para su aceptación.

Daniela Martin/ Venezuela Al Día

Las recientes protestas de calle en Venezuela se han extendido por todo el mundo, tomando espacios en cada rincón donde se encuentre un venezolano. Panamá, uno de los primeros destinos del éxodo venezolano se convirtió también en uno de los primeros lugares donde la protesta por la crisis en Venezuela se hizo presente.

Estas manifestaciones en rechazo al gobierno de Nicolás Maduro por parte de un grupo de venezolanos en Panamá, inició de forma pacífica el sábado 15 de abril, cuando se concentraron en el Parque Urracá vestidos de blanco y portando elementos representativos del país.

A medida que la tensión fue aumentando en Venezuela, donde la represión por parte del Estado contra manifestantes incrementaba a niveles intolerables, también sucedió en el exterior. Fue entonces, cuando un acto en apoyo al gobierno venezolano terminó en trifulca en la Universidad de Panamá.

La “Jornada de Solidaridad con la Revolución Bolivariana” que se desarrollaba en la universidad panameña se vio sorprendida por manifestantes opositores, que fueron expulsados de forma violenta por activistas pro Maduro.

El presidente de Panamá, Juan Carlos Varela se pronunció ante tal acontecimiento, el cual calificó de “inaceptable” asegurando que no permitirían que el conflicto en el país sudamericano traspasara fronteras.

Incluso, de acuerdo a las agencias internacionales el primer mandatario panameño advirtió que de continuar tal conducta por parte de los venezolanos residentes en la Ciudad de Panamá, se tomarían medidas en Migración.

Otros incidentes

Entre otros hechos de intolerancia hacia la presencia venezolana en Panamá, destaca lo sucedido durante el concierto de Maná en la capital panameña, en el que Fer, el vocalista del grupo pidió que subiera a la tarima una de las asistentes, y esta resultó ser venezolana.

La reacción fue inaudita. Con pitas y gritos, los asistentes panameños rechazaron que la joven fuese venezolana y pidieron bajarla del escenario. El grupo musical, apenado por la situación, se vio en la necesidad de pedir que otra joven -panameña- subiera a la tarima.

Por otra parte, también se encuentra la multa interpuesta al cantante venezolano, Nacho, quien durante un concierto en un centro comercial de la capital panameña mostrara su bandera, la venezolana, y la amarrara a la panameña como muestra de unidad entre ambas naciones.

Lo que el artista venezolano, caracterizado por su fuerte repudio al gobierno del presidente Nicolás Maduro, visualizaba como una muestra de cariño y fraternidad, en Panamá lo refieren como un irrespeto, debido a que las normas legales estipulan cómo deben usarse los símbolos patrios y las prohibiciones al mal uso. Se trata de la Ley 2 de 23 de enero de 2012, que regula el uso de los símbolos patrios.

De esta manera, Nacho o la empresa productora del evento deberán cancelar una sanción de $50 a $500 según la gravedad de la falta.

Venezolanos en Panamá, aunque respetan la normativa consideran que con este acontecimiento y los presentados anteriormente se intensifica la intolerancia al inmigrante venezolano.

Opiniones encontradas

Ante estos hechos suscitados en los últimos meses, las posturas que asumen venezolanos que hacen vida en el país centroamericano se dividen entre el rechazo a la “poca solidaridad” de los panameños y el entendimiento a sus “condiciones” con respecto a los inmigrantes.

Algunos, manifiestan su rechazo a las malas costumbres que unos tantos de sus compatriotas cargan en la maleta, y por ende entienden la posición que han tomado los panameños con respecto a ello.

“El recién llegado se está viniendo con la maleta llena de malas costumbres y eso no puede ser. Son mis compatriotas, pero me afectan y gracias a Dios esa gente aquí no dura mucho”, expresa Rubén Méndez, venezolano residente en Panamá, quien se desempeña como encargado de una reconocida tienda de zapatos.

Asimismo, se refiere a lo ocurrido con Nacho y sostiene que el reglamento de los panameños con relación a sus símbolos patrios debe ser “respetado“.

“Uno en Venezuela hace lo que le da la gana con los símbolos patrios, es decir no estamos acostumbrados a esta cultura. Entonces, los compañeros de trabajo venían y me reprochaban que ¿cómo era posible esto?, y allí solo entendí que debía explicarles, así como ellos también me explicaron sus leyes”, agrega Méndez.

Luisana Ramírez, peluquera venezolana en Panamá indica que esta reacción del panameño contra el venezolano se ha generado también con otras nacionalidades. “Cuando los colombianos eran los principales inmigrantes, la reacción del panameño era la misma que ahorita se está generando con los venezolanos”, puntualiza Ramírez en defensa de la posición panameña frente a la creciente llegada de venezolanos.

Y aunque esta misma línea es respaldada por un grupo importante de venezolanos en Panamá, también es cuestionada por otro, que no ve con buenos ojos esta actitud.

“No digo que no me han prestado apoyo, pero si han mostrado un poco de recelo en el ámbito laboral, supongo que es normal“, dice Mario Paredes, quien se desempeña como diseñador gráfico en una agencia de publicidad.

Sin embargo, Mario indica que históricamente el panameño ha sido “xenófobo”, por lo que no toma a modo personal el rechazo. Y, si bien difiere de la opinión de los panameños sobre los venezolanos, agradece el apoyo que ha recibido por algunos locales.

“El fenómeno con el venezolano es que los panameños aseguran que somos muy arrogantes, muy pedantes, ‘se las tiran que se las saben todas más una’, dicen y sinceramente con esa actitud ya se está mal”, apunta.

El aterrizaje de venezolanos en la ciudad de Panamá, así como en otros países de habla hispana durante los últimos años ha sido impresionante. La “invasión” de venezolanos en todo el mundo, en medio de una crisis política en el país -que por ahora va en crecimiento-, augura un porcentaje mayor en los próximos meses, en los que también podría crecer la intolerancia, que solo se vería calmada con una mejor actitud.