Patrullero Warao: El barco que enloda el honor de la Armada Venezolana

El gobierno de Venezuela cada día demuestra más su incompetencia. Además, mientras más se arraigan en el poder, más costosas son para el pueblo venezolano sus metidas de pata. El caso del patrullero Warao es uno más de los daños irreparables del régimen, del que “casualmente” no se volvió a hablar. VAD

En agosto de 2012, el buque de la Armada Venezolana sufrió un fuerte accidente en Fortaleza, en las costas de Brasil. De acuerdo a la información suministrada para entonces, el siniestro se debió a la falta de preparación de la tripulación. No estaban aptos para movilizar una embarcación de este tipo y por la misma ignorancia, la destruyeron.

El Warao, una embarcación de 2.420 toneladas de desplazamiento, junto con otros tres buques del mismo tipo, fue encargado a la empresa española Navantia por el Gobierno de Venezuela, en noviembre de 2005. Fue construido en España y posteriormente entregado a la Armada Venezolana el 2 de agosto de 2011.

Tan solo un año después de su entrega, en agosto de 2012, el patrullero fue incluido en los ejercicios navales combinados Venbras, junto con otros barcos de la armada venezolana, además de embarcaciones pertenecientes a la Marina de Brasil. Durante el entrenamiento, el Warao chocó contra un arrecife en las cercanías del puerto de Fortaleza con daños graves.

Con grandes esfuerzos, empresas brasileras lograron recuperar la flotabilidad del barco. En ese puerto, permaneció inmovilizado por seis meses. La razón de la espera, fue que las autoridades navales venezolanas no llegaban a una decisión concreta. Fue hasta febrero del 2013 cuando el barco fue trasladado hasta Río de Janeiro, para realizarle una serie de estudios que determinarían si el daño era reparable.

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En julio del mismo año, la entonces ministra para la Defensa, Carmen Meléndez anunció que se habían aprobado los recursos para la reparación y posterior repatriación del patrullero, que hasta entonces se mantuvo en la marina de Río de Janeiro. Sin embargo, la historia no terminó allí.

La empresa fabricante, Navantia, se negó a facilitar los planos de la embarcación. El mayor temor era que perdieran la inversión hecha en el diseño del mismo y que su barco, y en especial su tecnología, fuera copiada posteriormente por otras empresas. De modo que ante la imposibilidad de acceder a los planos del buque, pasaron cuatro años de inacción.

Hay que destacar que una embarcación no se queda simplemente estacionada en una marina. Esto genera gastos de alquiler, además en divisas por tratarse de otro país. Pero incluso así, el régimen chavista prefirió eso, a traer el buque a Venezuela.

Finalmente el 30 de noviembre de 2016 fue cuando el Ministerio de Defensa decidió ponerle fin al asunto y dictó la orden de repatriación del buque. La información salió en gaceta oficial, los responsables del proceso fueron designados y el presupuesto aprobado.

A pesar de esto, se desconoce a dónde fue a parar la nueva inversión, puesto que a pesar de la contratación de un buque llamado Rolldock Sea, que sirve como “grúa” para el Warao, ahora ambos permanecen en la bahía brasilera y no han emprendido el viaje hacia Venezuela. Por otra parte, lo que causa aún más incomodidad, es conocer la realidad de que cuando el buque finalmente llegue, probablemente también deba ser abandonado. ¿La razón? Por los daños sufridos, es imposible que sea colocado en el syncrolift para reparaciones.

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Esta información, se puede ver hasta donde llega la corrupción en Venezuela. Donde todas las instancias del poder están manchadas y llenas de dólares que fueron destinados a otros fines. El caso de la Armada Venezolana es realmente lamentable, ya que con esta acción demostraron que de honor no les queda nada.

No bastó con destruir una embarcación totalmente nueva, por negligencia. Esto muestra el tamaño de la irresponsabilidad y falta de seriedad de quienes conformen el régimen corrupto. La peor parte es la mentira y que el robo con este caso se mantiene, ya que para la repatriación del buque se aprobaron entre 5 y 6 millones de dólares adicionales y el tiempo pasa, y sigue en la costa brasilera, generando incomodidad y gastos en divisas.