El celacanto, un fósil vivo del fondo del mar, revela su ADN

Miembros del Museo Nacional de Kenia revisan un ejemplar de celacanto capturado por pescadores en abril de 2001. / AFP PHOTO / SIMON MAINA

Miembros del Museo Nacional de Kenia revisan un ejemplar de celacanto capturado por pescadores en abril de 2001. / AFP PHOTO / SIMON MAINA

AFP.- Un equipo internacional de investigadores logró decodificar el genoma de los celacantos, una hazaña que ayuda a explicar el extraño aspecto de este pez y permite levantar el velo de misterio sobre la emergencia de los vertebrados terrestres, incluidos los humanos.

Este fósil vivo, testigo del surgimiento de los primeros vertebrados terrestres hace unos 365 millones de años, fascina a los científicos pero continúa siendo poco conocido. Durante muchos años se consideró que había desaparecido ya en la antigüedad, hasta que un pescador sudafricano capturó un ejemplar vivo en sus redes en 1938.

Ese evento es considerado como uno de los mayores descubrimientos zoológicos del siglo XX. Fue necesario esperar otros 15 años para que otro ejemplar sea capturado, y desde entonces apenas 309 individuos han sido descubiertos.

Científicos de 40 institutos de investigación de 12 países diferentes participaron de los estudios sobre la secuencia del genoma del celacanto africano, aproximadamente unos 3.000 millones de “letras” del ADN, según reportó el miércoles la revista británica Nature.

El análisis confirmó aquello que los investigadores sospechaban desde hace tiempo: los genes de este pez evolucionan más lentamente que los de otros peces y vertebrados terrestres. Los investigadores postularon la hipótesis de que los celacantos no necesitaron evolucionar porque vivían en profundidades donde pocas cosas han cambiado en milenios.

“No es un fósil vivo, sino un organismo vivo”, dijo Jessica Alfoldi, del Broad Institute, en Estados Unidos, una de las responsables del estudio. “El celacanto no vive en una burbuja de tiempo, sino que vive en nuestro mundo, y por ello es tan fascinante descubrir que sus genes evolucionan más lentamente que los nuestros”, dijo.

El genoma del celacanto permite igualmente a los científicos abordar la cuestión de la evolución de los primeros vertebrados terrestres de cuatro patas, los tretrápodos.

El animal muestra los rasgos del paso del pez a las criaturas terrestres: los espacios para los miembros en cuatro de sus aletas natatorias, y una bolsa de aire que sería un pulmón primitivo.

Los investigadores compararon varios conjuntos de genes: los de los celacantos, los de otro pez que posee aletas natatorias que parecen patas y pulmones primitivos, el Protopterus annectens (dipnoicos), y de otras 20 especies de vertebrados.

Según el estudio, los tetrápodos parecen más estrechamente ligados a los dipnoicos que a los celacantos. El problema es que el genoma de los dipnoicos, con 100.000 millones de letras, es mucho más complejo para conocer su secuencia correcta.

La secuencia más modesta de los celacantos se reveló útil para proporcionar indicios preciosos sobre los cambios genéticos que permitieron a los tetrápodos desarrollarse en tierra firme.

El estudio comparativo del genoma de los celacantos con los de animales terrestres permitió descubrimientos originales.

Los investigadores se concentraron en grandes regiones genéticas que podrían haber desempeñado un papel en la formación de elementos innovadores de los tetrápodos, como los miembros y dedos, así como la placenta.

También constataron un importante número de modificaciones ligadas al sistema inmunológico. Estos cambios podrían constituir una respuesta a los nuevos agentes patógenos encontrados en tierra.

“Es apenas el inicio de numerosos análisis sobre aquello que los celacantos pueden enseñarnos sobre la emergencia de los vertebrados terrestres, incluyendo a los humanos”, dijo Chris Amemiya, otro de los autores del estudio.

Para aprender todavía más sobre la vida de los misteriosos celacantos, un equipo franco-sudafricano desarrolla actualmente investigaciones en profundidades marinas en el Océano Índico, en la costa oriental de Sudáfrica.