Víctimas de explosión en Refinería de Amuay: “El fuego lo teníamos encima”

Explosión en la Refinería de Amuay, estado Falcón / Foto AVN

“Se sintió la onda y después el fuego lo teníamos encima”, cuenta entre lágrimas una joven que, cargada de bolsas de ropa y comida, abandona su casa destruida por la explosión que dejó 39 muertos en la refinería venezolana de Amuay  y sus alrededores.

“Agarré a mi niña desnuda con la toalla y salí corriendo”, asegura a la AFP esta mujer de 30 años que rehúsa dar su nombre, madre de una bebé de 21 meses, y que en la tarde de este sábado ha regresado junto a otra vecina a recoger las pocas cosas que han quedado en sus casas luego de que fueran “saqueadas”.

“Cuando salimos se acabó (destruyó) el comando” de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), recuerda también la joven, habitante de una de las 14 casas aledañas al destacamento militar encargado de la custodia de la refinería, en el que se encontraban la mayor parte de las víctimas fatales de la explosión.

Según el último reporte oficial, 18 de las 39 personas que murieron en la explosión -que se registró en la madrugada del sábado en Amuay (Estado Falcón), la principal refinería de Venezuela- eran miembros de la GNB y otros 15 familiares de los efectivos militares.

El vicepresidente venezolano, Elías Jaua, informó la noche del sábado que aún quedan seis cuerpos por identificar, mientras que 15 heridos, entre los que también hay varios militares, se mantienen hospitalizados.

Las inmediaciones del comando militar, ubicado a escasos 400 metros de los tanques de combustible que explotaron en la madrugada -tras presentarse una fuga de gas-, parecen un campo de guerra: el suelo está lleno de vidrios rotos, las casas han perdido sus tejados y hasta parte de sus paredes.

“Fue como si te entrara un camión en la casa, un fuerte temblor, el tejado se movía y la ventana estalló”, dice por su parte Jorge, un policía local.

Unos cien metros más allá, en otro pequeño conjunto residencial, el mecánico José Medina, trabajador externo de la refinería, cuenta a la AFP que la explosión lo sorprendió cuando dormía, mientras muestra el techo inclinado de su humilde casa, dos vigas rotas en el comedor y la pared que cedió tras el accidente.

Mujeres saliendo del perímetro de la explosión en la Refinería de Amuay, estado Falcón / Foto AFP

“La casa se volvió un desastre, vi que ésto estaba prendido”, señala Medina, refiriéndose a los tanques de almacenamiento del complejo, donde se inició el incendio.

Según el ministro venezolano de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, quien a su vez preside la petrolera estatal PDVSA, el incendio se produjo porque se formó en el área una nube de gas que “no se dispersó por las condiciones ambientales y, frente a una fuente de ignición, explotó”.

La refinería de Amuay forma parte, junto a la de Cardón, del Centro de Refinación Paraguaná (CRP), “el más grande del mundo”, según Ramírez, y está ubicada en la ciudad de Punto Fijo.

Medina, que vivía en la casa con su hijo y su esposa, ya contrató un camión al que algunos operarios suben sillas, sofás y hasta algún espejo. “Me estoy llevando las cosas de aquí, porque si no lo hago en pocas horas me la saquean”, comenta, asegurando que ya vio cómo robaron la casa de al lado.

En la tarde de este sábado, a más de 12 horas de la explosión, desde la vivienda de Medina aún se puede ver la llama de más de 50 metros de alto que sale de los dos tanques en los que aún no ha podido ser controlado el incendio, y que es acompañada por una columna negra de humo que puede avistarse a más de 50 kilómetros de distancia.

Aparte de los camiones en los que los vecinos cargan sus enseres, en las calles cercanas a la refinería sólo se ven escombros y algunos curiosos, que son constantemente apartados por los efectivos militares.

Cerca de la zona del desastre, en la morgue del hospital Doctor Rafael Calle Sierra, unos 200 familiares -muchos de ellos militares- aguardan fuera.

“Esto es demasiado duro para nosotros, muchos de los que están ahí dentro son compañeros nuestros”, dice a la AFP un uniformado bajo anonimato, antes de que uno de sus compañeros obligue a la prensa a alejarse del lugar, justamente al ingresar un nuevo cadáver.